Influencia en las leyes españolas

Lo que abrió la puerta a la ideología de género en la legislación española, según la opinión de Martha Miranda, fue la ley del aborto de 1986.

Miranda trabaja desde hace unos años en su tesis, dirigida por Ángela Aparisi, Directora del Departamento de Filosofía del Derecho en la Universidad de Navarra y también Directora del Instituto de Derechos Humanos del mencionado centro académico. La joven doctoranda está estudiando la influencia de la ideología de género en la legislación española.

Martha aclara, nada más comenzar la entrevista, que son los críticos con los planteamientos de género los que utilizan la palabra “ideología” para referirse a todas esas teorías,   mientras que los partidarios lo llaman “perspectiva de género”. La terminología no es inocua, pues como explica el profesor Alfredo Cruz: “Al catalogar algo como ideología se está diciendo que se trata de una concepción de la realidad estratégica, mediada por un objetivo previamente diseñado. Se expresa que efectivamente se está intentando dar una visión de la realidad organizada en género porque es la visión que permite después utilizar la realidad así entendida como premisa fundante y justificante del objetivo que se quiere alcanzar. Y entonces estamos ante un planteamiento ideológico, como en el marxismo: dividir la realidad en clases sociales, y esto es lo que me permite presentar la realidad de tal manera que me sirva para el objetivo político.”we can do it

Precisamente el marxismo constituye uno de los antecedentes de la ideología de género, junto con los existencialismos ateos y el deconstruccionismo, entre otras corrientes filosóficas.

Miranda también señala que no todo feminismo comparte los planteamientos de la ideología de género. En la primera mitad del siglo XX, se oyeron las primeras voces de mujeres pidiendo igualdad ante la ley con respecto a los hombres. Querían votar, tener derecho a una educación superior, poseer más autonomía jurídica y no necesitar de la representación de un varón. Fue a partir de la segunda mitad de siglo cuando de entre las feministas surgió un sector que denominado “feminismo de género”, que frente al feminismo relacional de Karen Offen, inicia la búsqueda de un igualitarismo con el hombre (igualdad sin diferenciación): la masculinidad y la feminidad tienen que desaparecer ya que son creaciones culturales.

Este feminismo de género defiende que si las mujeres no han logrado aún realizarse, se debe a que continúan esclavizadas por las características femeninas. La primera de ellas: la maternidad, como tarea que encadena a la mujer al hogar y le impide su participación en la vida pública. Por consiguiente, entienden el matrimonio y la familia como instituciones opresoras.

Así se explica que la ideología de género haya entrado en nuestra legislación de la mano de una ley del aborto y al grito de “Nosotras parimos, nosotras decidimos”. Con el objetivo de que la mujer pueda controlar su sexualidad y su fertilidad y así superar el yugo del “patriarcado” se enfoca no sólo el aborto sino la anticoncepción y la reproducción asistida (Ley 14/ 2006, de 26 de mayo).

Fue en los años ochenta cuando se unieron a las feministas de género los lobbies gays.

Siguiendo en sus reivindicaciones de igualitarismo para todos, los colectivos homosexuales querían que la ley reconociera sus uniones como matrimonio. En España lo consiguieron con la Ley 13/2005, de 1 de julio, en la cual se reconocía el derecho de parejas homosexuales a contraer matrimonio.

Martha Miranda señala sobre todo lo palpable de la influencia de la ideología de género en la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre: la ley de la violencia de género.

En esta ley se está entendiendo la relación entre hombres y mujeres como relaciones de enemistad irreconciliable, en vez de entenderlas como complementarias.  La ley afirma que la causa principal de esta violencia es la desigualdad derivada de la posición histórica de las mujeres en la sociedad y el dominio al que han estado y siguen sometidas. Miranda resalta que en realidad es una ley hecha sólo contra la violencia hacia las mujeres que no tiene en cuenta a los hombres, a los que parece corresponderles sólo el papel de maltratadores en potencia, mientras que todas las mujeres seríamos víctimas en potencia.

También contamos con  la ley reguladora de la rectificación registral (Ley 3/2007, de 15 de marzo), en apariencia de poca relevancia, pero que posee una influencia directísima de la ideología de género ya que atañe a la rectificación registral relativa al sexo de las personas. En ella se ve con claridad una de las afirmaciones de los defensores del género: el género es una construcción social, no existe naturaleza humana previa y cada cual se hace a sí mismo.

El recorrido comenzado con la ley del aborto en 1986 encuentra un punto álgido con la Ley Orgánica 2/2010, de 3 de marzo, de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo, que según Ángela Manzano Salcedo, técnico de la Administración General del Ayuntamiento de Madrid, abarca “previsiones legales referentes a la incorporación de los presupuestos de la ideología de género en el sistema educativo, sanitario y social”, además de la ampliación de la posibilidad de abortar hasta las 22 semanas de gestación.

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